Evaluación del terreno antes de la edificación: Factores clave para garantizar estabilidad y durabilidad

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No todo terreno es apto para construir

Antes de levantar una estructura, ya sea una vivienda, un almacén o cualquier tipo de edificación, hay una pregunta que nunca debería pasarse por alto: ¿Es este terreno adecuado para construir? A simple vista, puede parecer que cualquier parcela sirve, pero la realidad es muy distinta.

El suelo sobre el que se edifica es tan importante como la propia construcción, y cualquier error en su evaluación puede derivar en problemas serios en el futuro.

Por eso, antes de pensar en materiales o diseños, es fundamental asegurarse de que el terreno es estable, resistente y adecuado para soportar la estructura. De lo contrario, se corre el riesgo de sufrir asentamientos, grietas o, en el peor de los casos, fallos estructurales graves.

Pero, ¿cómo saber si un suelo es seguro para edificar? En este artículo, vamos a repasar los factores clave que influyen en la estabilidad y durabilidad de una construcción, desde el tipo de suelo hasta el nivel freático y la topografía del terreno.

Si estás pensando en construir, esta información te será de gran utilidad para tomar decisiones con mayor seguridad y evitar problemas en el futuro.

El estudio geotécnico: la base de todo

Si hay un paso que nunca debería saltarse antes de construir, es el estudio geotécnico. Este análisis del terreno es el que nos dice, con datos concretos, si el suelo donde queremos edificar es seguro y cómo va a comportarse con el tiempo.

No es una formalidad, es una garantía de que la construcción se asentará sobre una base firme y estable.

¿Qué nos dice un estudio geotécnico? Básicamente, responde a tres preguntas clave:

  • ¿De qué tipo de suelo estamos hablando? No es lo mismo construir sobre roca, arcilla o arena. Cada material tiene sus propias características y reacciona de manera distinta ante el peso de una edificación.
  • ¿Cuánta resistencia tiene el terreno? Es importante conocer la capacidad de carga del suelo para determinar si necesita refuerzos en la cimentación.
  • ¿Cómo se comportará con el tiempo? Algunos suelos se compactan o expanden dependiendo de la humedad, lo que puede provocar movimientos en la estructura con el paso de los años.

Realizar este estudio a tiempo evita problemas graves como hundimientos, grietas en muros y filtraciones de agua. No es raro encontrarse con construcciones que, por no haber hecho este análisis previo, terminan con fallos estructurales difíciles y costosos de solucionar.

Además, un buen estudio geotécnico permite optimizar los recursos, ya que conociendo las características exactas del suelo se pueden diseñar cimentaciones adecuadas sin sobredimensionar materiales innecesariamente.

Tipo de suelo: No todos los terrenos son iguales

Uno de los aspectos más críticos en la planificación de una construcción es el tipo de suelo sobre el que se va a edificar.

A estas alturas, ya sabemos que no todos los terrenos son iguales, pero lo realmente importante es entender cómo afecta cada tipo de suelo al diseño de la estructura y a la elección de la cimentación. Aquí es donde un análisis estratégico se vuelve imprescindible.

  • Suelos rocosos: Son extremadamente estables y ofrecen una base sólida, pero requieren excavación especializada y herramientas más costosas para su preparación. Si bien su firmeza es una ventaja indiscutible, hay que evaluar los costes asociados al movimiento de tierras y la adaptación de las cimentaciones.
  • Suelos arcillosos: Este es uno de los suelos más desafiantes para la construcción, ya que su composición tiende a expandirse cuando absorbe humedad y contraerse cuando se seca. ¿El problema? Este movimiento constante puede generar fisuras en las estructuras y afectar la estabilidad con el tiempo. En estos casos, se requieren cimentaciones especiales y drenajes adecuados para mitigar estos efectos.
  • Suelos arenosos: Son suelos con baja cohesión, lo que significa que tienden a desplazarse con facilidad si no se manejan correctamente. Para garantizar estabilidad, es fundamental optar por cimentaciones más profundas y técnicas de compactación que refuercen la base antes de comenzar la construcción.
  • Suelos compactos: Son, sin duda, los más favorables para la edificación, ya que tienen una buena resistencia natural y no presentan movimientos significativos con los cambios climáticos. Si bien pueden necesitar nivelación y ajustes menores, ofrecen una base confiable para la mayoría de las estructuras.

Lo clave aquí es no asumir que cualquier suelo es apto solo porque a simple vista parece estable. Sin una evaluación adecuada, los errores pueden salir caros y comprometer toda la estructura.

Antes de diseñar la edificación, hay que conocer a fondo el suelo y adaptar la cimentación a sus particularidades. En muchos casos, un buen diseño estructural comienza con un estudio del terreno más profundo de lo que se suele imaginar.

Nivel freático: Cuidado con el agua bajo tierra

Si hay algo que puede pasar desapercibido al evaluar un terreno, pero que puede generar problemas serios con el tiempo, es el nivel freático. Básicamente, estamos hablando de la profundidad a la que se encuentra el agua subterránea. Y créenos, no quieres descubrir demasiado tarde que el agua está más cerca de lo que pensabas.

Imagina que construyes sobre un terreno donde el nivel freático está alto. Todo parece ir bien hasta que, con el tiempo, comienzan a aparecer humedades en los muros, filtraciones en los cimientos o incluso movimientos en la estructura. Esto ocurre porque el agua subterránea ejerce presión sobre la cimentación, debilitándola poco a poco.

¿Cómo evitarlo? Primero, con un buen estudio del terreno que determine la profundidad del agua subterránea antes de empezar a construir. Si el nivel freático está cerca de la superficie, hay soluciones como sistemas de drenaje para redirigir el agua o cimentaciones especiales que protejan la estructura de la humedad.

En proyectos donde el agua es un factor de riesgo, también se pueden aplicar técnicas como el uso de hormigón impermeable o membranas protectoras que aíslan la cimentación. La clave es anticiparse al problema en lugar de corregirlo cuando ya ha causado daños.

Si el terreno tiene un nivel freático alto, no significa que no se pueda construir, pero sí que habrá que tomar medidas adicionales para garantizar la estabilidad y durabilidad de la edificación. Y créenos, invertir en esto desde el principio es mucho más económico que lidiar con los efectos de la humedad años después.

Topografía del terreno: no es lo mismo construir en llano que en pendiente

Si bien la estabilidad del suelo es fundamental, hay otro factor que puede influir enormemente en la seguridad de una edificación: la topografía del terreno. Construir en un terreno plano no plantea los mismos desafíos que hacerlo en una pendiente, y aquí es donde una evaluación detallada marca la diferencia.

Cuando el terreno tiene inclinación, hay que considerar dos aspectos clave:

  1. Riesgo de deslizamientos: Un suelo con pendiente no solo tiene menos estabilidad natural, sino que está más expuesto a la erosión y los movimientos de tierra, especialmente en épocas de lluvia. Para evitar deslizamientos, muchas construcciones requieren muros de contención que refuercen la base y estabilicen el terreno.
  2. Accesibilidad y movimiento de tierras: No es lo mismo entrar con maquinaria en un terreno plano que en uno inclinado. En pendientes, suele ser necesario hacer terraplenados o cortes de terreno para crear una base nivelada antes de iniciar la cimentación. Esto puede aumentar los costos y la complejidad del proyecto.

Pongamos un ejemplo práctico: imagina que tienes un terreno con una inclinación del 15%. Si decides construir sin tomar medidas preventivas, el agua de lluvia podría arrastrar parte del suelo con el tiempo, debilitando la base de la estructura. En cambio, si desde el inicio se diseñan muros de contención y drenajes adecuados, la estabilidad estará garantizada.

Por eso, antes de comenzar una obra, es imprescindible analizar la topografía del terreno y determinar si es necesario modificar la inclinación, reforzar las bases o implementar medidas de drenaje. No es un tema menor: construir en pendiente sin planificación puede derivar en problemas de estabilidad a largo plazo.

Factores externos: Clima y sismicidad

El entorno donde se construye también tiene un impacto fundamental en la estabilidad y durabilidad de una edificación. No es lo mismo construir en Galicia, donde las lluvias constantes pueden afectar la cimentación, que, en Almería, donde la sequedad del terreno puede generar retracciones en ciertos tipos de suelo.

Y si hablamos de actividad sísmica, zonas como Granada o Murcia requieren estructuras con refuerzos específicos para minimizar riesgos.

El clima afecta la elección de materiales y técnicas de construcción. En zonas con altas precipitaciones, es fundamental implementar sistemas de drenaje adecuados para evitar filtraciones y humedades. En cambio, en regiones más secas, los materiales deben ser resistentes a la contracción del suelo y a los cambios bruscos de temperatura.

En cuanto a la sismicidad, en áreas con riesgo de movimientos telúricos es indispensable diseñar estructuras con cimentaciones antisísmicas, armaduras reforzadas y materiales que permitan cierta flexibilidad ante movimientos del terreno. No se trata solo de cumplir normativas, sino de garantizar la seguridad y estabilidad de la edificación a largo plazo.

Por ello, antes de construir, es clave analizar el comportamiento histórico del clima y la actividad sísmica en la zona, ya que estos factores pueden condicionar desde el tipo de cimentación hasta la elección de los acabados estructurales. Adaptarse a las condiciones del entorno es la mejor forma de garantizar la resistencia de cualquier edificación.

Conclusión: Evaluar antes de construir es ahorrar en el futuro

Una buena planificación no solo evita gastos imprevistos, sino que también reduce el riesgo de problemas estructurales que puedan comprometer la seguridad de la edificación. Por eso, contar con especialistas que analicen en detalle el terreno antes de comenzar a construir es una inversión que, a largo plazo, se traduce en tranquilidad y ahorro.

En Girason Prex, sabemos que cada proyecto es único y que cada terreno tiene sus particularidades. Por eso, ofrecemos asesoramiento experto para que cada edificación se base en un estudio sólido del suelo, garantizando seguridad y eficiencia desde el primer momento.

Si estás pensando en construir, no dudes en consultarnos: juntos encontraremos la mejor solución para que tu proyecto tenga una base firme y duradera.